#ARDE: Callate Mark, adolescencia en estado reflexivo

  #ARDE: Callate Mark “Bien Hola Mark/ Estás pensando en árboles / Y en el sendero/ De las aves y las abejas/ Y podía tenerte lastima/ Odiarte/ O escupirte en tus ojos / Puedo pensar las mismas cosas/ Decir las mismas mentiras/ … / Así que, callate Mark / Callate” Gritaba con su inglés amanerado […]

 
#ARDE: Callate Mark

“Bien Hola Mark/ Estás pensando en árboles / Y en el sendero/ De las aves y las abejas/ Y podía tenerte lastima/ Odiarte/ O escupirte en tus ojos / Puedo pensar las mismas cosas/ Decir las mismas mentiras/ … / Así que, callate Mark / Callate”

Gritaba con su inglés amanerado Luca Prodan en 1986, en ese vivo perpetuado que, junto a otras grabaciones espontáneas entre Hurlingham, el teatro la Cova y las Sierras Grandes conforman Fiebre, un conjunto de profesiones de fé embroncadas y suburbanas. Un grito encabronado, que nos recuerda que vivimos en un mundo donde un tal Mark David Chapman mató a otro tal John Lennon.

¿Cómo se calla tanto absurdo?

Esa es la pregunta que muy a menudo justifica el surgimiento de la música. Las mentiras, el engaño y el sinsentido se neutralizan con música. Más precisamente con rock. O al menos eso nos enseñaron nuestros padres.

Tiene mucho sentido que el legado punk, la parte pétrea del alma de Sumo, la banda más ecléctica del rock argentino, se haya decantado en unos jóvenes rockeros porteños. Callate Mark es una banda tan caótica como coherente, al mejor estilo Sumo. Con decir que la banda está compuesta por un hincha de Velez, un hincha de Arsenal y dos cuervos creo que se entiende -alegóricamente- la idea.

Su primer álbum, Balboa, pretende ser un cross a la mandíbula, más Stallonero, que Arltiano. Este punk criollo y por momentos sentimental, recorre un género específico que, apropiado, incorporado y ejecutado, adquiere una textura tan poderosa como fresca. Visceral y flexible, Tadeo Luna, vocalista del conjunto, asume el rol de frontman y se deja tumbar y estimular por la música de sus compañeros de banda. Florian Fernandez, guitarrista, plantado junto a su mejor amigo y bajista Lautaro Rico, lidera las armonías instrumentales y los riffs, mientras Juli Gondell cabalga ligero y estruendoso en la batería mas pulenta del indie.

Hablar con los Callate Mark es como ingresar en una adolescencia en estado reflexivo: frescos, entusiastas, cordiales, ácidos, melómanos, los muchachos pendulan entre su energía renovadora y su anacronismo de borcegos, crestas, flecos y punk rock. Capaces de simular una cagada a palos tanto en el escenario como en un cuarto de gira, escuchando Limp Bizkit a todo lo que da, esta joven sociedad de poetas vivos se perfila como una de las promesas del rock local.

Tanto es así, que en marzo de este año, fueron invitados al Vive Latino, donde presentaron su repertorio de punk sentimental y acicalado, o, como lo llaman ellos, el marky beat: una hora de ciclotimia rockera.

Callate Mark es una banda que hay que escuchar, definitivamente. Su álbum debut, tan simétricamente orientado, es a su vez caótico y efervescente. Saben lo que quieren, porque son una banda de rock que quiere ser escuchada. Pero a la vez no lo saben porque en sus almas novatas emerge lo que Joey Ramone pareció llevarse con su muerte.

El punk-rock argentino ya no está acéfalo, y no es gracias a una banda de punk fundamentalista. Es gracias a unos muchachos que entendieron y decantaron, a través de sus acordes poderosos y eléctricos que hay categorías que no pueden quedar vacías. Para que la canción siga siendo la misma, aunque mute, se reformule y nunca deje de sonar. Para que nunca olvidemos que si Mark mató a John, al menos nosotros lo podemos callar.

por Pierre Froidevaux