Cobertura : 1915 – Aloe – Telescopios en la Sala Caras y Caretas

En tiempos de colapso y saturación, donde hay más bandas e información que tiempo para escucharlas, el rock está transitando un muy buen momento creativo para quien sabe tomarse el trabajo de buscar, discernir y encontrar gemas en un campo minado.

La fecha que compartieron 1915, Aloe y Telescopios en la sala Caras y Caretas fue un claro registro de eso y del rumbo al que está apuntando una nueva camada de músicos del rock argentino en este recambio generacional millennial.

La noche abrió con 1915, un quinteto de Zona Norte que en un puñado de temas demostró tener un sonido ajustado, preciso y versátil, comprendiendo una paleta de géneros tan amplia como indefinible. La banda balanceó el repertorio entre el material de su EP homónimo y el primer disco, Dual, presentando un sonido compacto con las bases puestas principalmente en el trinomio de bajo- guitarra principal – sintetizadores. Temas gancheros como ‘El Sur’, ‘Z’ o ‘El gede’ los posicionan dentro de un funk de arreglos jazzeros mientras que en ‘Búfalo’ o el track que da nombre a su debut, el rock pesado y experimental irrumpe contra esa armonía con la fuerza de un rayo, demostrando que el virtuosismo se puede manifestar desde distintas intenciones y matices.

Luego de un intervalo, Aloe subió a escena. Lo sorprendente de verlos una y otra vez es que su inquietud y dinamismo permiten que la formación mute y que, los mismos temas (dependiendo del que contexto en el que estén), puedan sonar distintos o nuevos reinterpretados desde otro lenguaje.

Esta vez, la apertura del año los encontró con nuevos roles, tocando a dos baterías enfrentadas (generando entrecruzamientos entre golpes de pulso humano y pads electrónicos), con ocasionales aportes de bajo y con guitarras y sintes como peones estables. El engranaje de Aloe funciona por el trabajo en simultaneidad y sinergia de sus cuatro integrantes. A través de esos pilares fluye una comunicación musical que se va transformando, potenciando y rotando circularmente. La voz cambia de interlocutor y el cuarteto se va pasando la posta hasta fundirse en una comunión coral de la que florece poesía de lírica simple pero complejidad auditiva.

En medio del proceso de grabación de un segundo disco prometedor, Aloe esboza en vivo adelantos de lo que está encaminando, un trabajo de pop progresivo en donde sobra la introspección, la búsqueda espiritual y experimental, un lineamiento estético despojado que permite entender su propuesta sin filtros y una invitación hacia la reflexión y escucha atenta. Todas características de una rara avis en su especie, un aloe capaz de seguir firme frente a cualquier adversidad con las raíces bien plantadas y firmes sobre la tierra.

Por último, desde la escena de Córdoba (faro cultural del que últimamente provienen varias luminarias indie) se presentó uno de los grupos con mayor proyección en el under que, días antes, venía de tocar en Cosquín Rock: Telescopios.

Unas manchas coloridas, abstractas y psicodélicas danzaban en las pantallas de fondo, acompañando el ritmo de las canciones de su segundo disco, El Templo Sodoku, un boleto de ida al cosmos astral. En temas como ‘Fucsia’y ‘Sabe Vevo’ el grupo se lució por sus melodías dream pop ornamentadas de flangers sinuosos, bases espaciales, colchones de teclados ochentosos y falsetes lánguidos que envuelven la experiencia auditiva en un manto etéreo y atmosférico.

La fecha en la sala dejó saldo positivo y fue redonda en su propósito, con tres bandas atravesadas por estilos y criterios artísticos afines que demostraron que, con esfuerzo, talento, profesionalismo y pasión se puede llegar a buen puerto.

PH: Rocío Frigerio

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