Cobertura: Black Rebel Motorcycle Club en Niceto Club
Nov 10, 2011

Black Rebel Motorcycle Club, Martes 8 de Noviembre, Niceto Club

Black Rebel Motorcycle Club pasó una vez más por Buenos Aires, y le voló la cabeza a más (muchísmos más) de uno. Mientras afuera el cielo amenazaba con caerse sobre la ciudad, adentro de Niceto Club la gente esperaba impaciente por un recital que parecía que no detonaría nunca. Entre cervezas y arengas, por los parlantes se escuchaba Faith No More, para los que todavía se lamentaban que estas dos trascendentes bandas hubieran elegido la misma noche para tocar.

BRMC se hizo esperar casi una hora, pero nos llevó a lo que fue un viaje por los pasillos más oscuros del mundo del garage rock, tirando abajo las puertas, con tintes de lo que es su propia (y asombrosa) versión de la psicodelia moderna. Además, el trío liderado por Peter Hayes y Robert Levon Been le presentó al público argentino su nueva adquisición: Leah Shapiro.

Con la pinta de alguien estancado en las épocas de la rebeldía grunge de principio de los ’90, la baterista (¿será algo de Binki?) estuvo lejísimos de parecer recién salida del horno. Su mirada clavada al frente con una expresión que metía miedo, su flequillo recto y su golpe agresivo; poco le importó perder un palillo en medio de una canción y tener reemplazarlo con su mano derecha. Ensambló a la perfección con los otros dos Rebels para bombardear a la gente durante más de dos horas. No importaba que por momentos estuvieran sin el característico bajo distorsionado de Been (cuando se calzaba la acústica): el bombo de Shapiro retumbaba como un instrumento aparte, sin perder la sintonía con los el resto de los fierros.

Parecían totalmente relajados cuando salieron al escenario. Hayes, como siempre, escondido detrás del pelo sobre sus ojos y el cigarrillo en su boca. Pero se equiparon y demostraron su verdadera cara, entre los movimientos casi coreográficos de Been y el ensimismamiento de Hayes, como polos opuestos. Y así arrancó la banda, con el primer tema de su última joya: “Beat the Devil’s Tattoo”, del disco homónimo, tenebrosa e intensa. El riff de la acústica de Been se deslizaba entre los otros dos integrantes, como llamándolos a romper el aire con sus instrumentos en los momentos justos (cosa que cumplían, para el placer de las centenas de oídos presentes); hacia el final parecía que el tema no lo dirigían a nosotros, sino a alguien más abajo.

Siguieron con “Bad Blood”, también del su última obra, pero ahora le tocaba a Hayes ocuparse de la voz. Aireada, pero lo necesariamente sucia para ser fiel a la banda, confirmó lo que la primera canción había propuesto: sería un encuentro de rock. Toda la noche, estos dos artistas de negro se alternaron para tomar la responsabilidad de cantar, cada uno a su modo. Been, más pulido y sentimental; Hayes, más áspero y versátil.

Una de los mejores momentos fue “Berlin”, de su cuarto disco (Baby 81), un temazo rockero, bailable y bañado de sensualidad por la voz de Hayes, que demostró sus capacidades como cantante y para hacer mover el cuerpo a la gente. De ese mismo LP sonó la oscura “666 Conducer”, que pareció hacer girar a los dos hombres de la banda alrededor del bombo de Shapiro.

Pero los cantantes se combinaron en “Shuffle Your Feet” para volarnos la peluca con la primera frase (cantada a capella) del discazo Howl, tan apasionadamente rociado de blues y gospel: “Time won’t save our souls…” (“El tiempo no va a salvar nuestras almas”), seguido de un potente riff blusero a cargo de la acústica de Been, que ya tomaba su lugar bien adelante en el escenario, con ocasionales visitas a su compañera en la creación del drive y el ritmo que le dan vida a esta banda. Un Johnny Cash del tercer milenio: viste de negro, usa jopo y patillas, y hasta agarra su bajo como rifle para disparar al público.

Tampoco se olvidaron de su primer disco, metiéndonos seis de esos temas por la garganta, entre ellos “Red Eyes and Tears”, “Spread Your Love”, y, para lo que sería un amague a irse, su clásico “Whatever Happened to My Rocknroll (Punk Song)”, a la que se respondió con locura desde el fondo de la garganta por todos los presentes, que saltaban como si el mismo infierno quemara bajo sus pies.

El trío desapareció, pero volvió para saciar el hambre con siete temas más. Sorprendieron: empezó Been, solo en el escenario, para el momento más emotivo de la noche. “Estamos contentos, porque no pensamos que íbamos a tocar estas canciones acústicas acá” Tocó, entre la oscuridad y el silencio funerario del público, la canción “You Run”, de su difunto padre Michael Been de The Call, rindiéndole un homenaje que ponía la piel de gallina hasta al diablo.

Le pasó la posta a Hayes, que agarró su acústica y nos regaló la casi espiritual “Devil’s Waitin’”. Siguieron la estremecedora “Half-State”, “In Like the Rose”, “Weight of the World”, “Shadow’s Keeper”. Para ponerle el sello a su paso por acá, terminaron con “Open Invitation”, del casi religioso disco Howl. Been, arrodillado en el piso, acariciando delicadamente las cuerdas de su bajo despintado, como rezando. Hayes, sosteniendo las cósmicas notas de su Gibson, tanto como necesitábamos para atrasar el final del trance rockero que nos dieron.

por Ulises B.
Ph: Gentileza Matías Altbach - www.eclecticophoto.com

Setlist:

1. Beat the Devil’s Tattoo
2. Bad Blood
3. Berlin
4. Love Burns
5. Rifles
6. Conscience Killer
7. 666 Conducer
8. Shuffle Your Feet
9. Ain’t No Easy Way
10. Stop
11. Mama Taught Me Better
12. Awake
13. Red Eyes and Tears
14. Six Barrel Shotgun
15. Spread Your Love
16. Whatever Happened to My Rock ‘n’ Roll (Punk Song)

Encore:
17. You Run 
(The Call cover)
18. Devil’s Waitin’
19. Half-State
20. In Like The Rose
21. Weight of the World
22. Shadow’s Keeper
24. Open Invitation