Cobertura: Bonobo en Niceto Club

PH: Pablo Mekler
Simon Green – el músico, productor y DJ inglés – llega con su banda por primera vez a Buenos Aires.

Siento que la experiencia que viví el jueves pasado empezó mucho antes, por allá en el 2015. Fue en ese año que descubro a Bonobo a través de The North Borders. Novedoso, particular, provocador, refinado. Inmediatamente sentí la necesidad de ir hacia atrás, hacia su origen, recorriendo detenidamente cada uno de sus discos. Así fue que llegué al primero, Animal Magic, una gema de la electrónica downtempo del año 2000 – época que ya empezaba a ponerse ambient con discos como Moon Safari, de Air, o Music Has The Right To Children, de Boards of Canada.

Bonobo aparece entonces como un ilusionista de la repetición. Alguien capaz de esquivar elegantemente la monotonía recreándose a través los detalles más ínfimos. Detalles que invitan a la búsqueda, y que cobran sentido tanto cuando uno se acerca a ellos para contemplarlos como algo único, como también cuando uno se aleja lo suficiente para apreciarlos en conjunto, como parte de un todo mucho más grande.

Esos detalles son los que pudimos experimentar la noche del jueves, desde que se apagaron las luces y empezó a sonar la intro de Migration. De ahí en más fue como estar adentro de una película. Una de todos los géneros. Alegría, melancolía, euforia, vacío. Con momentos de mucha paz, como en Figures o Break Apart, liderado por la voz celestial de Szjerdene. Y otros más aguerridos, como en “Bambro Koyo Ganda” – en el que nos trasladamos a una pista de baile africana – u Ontario, una bomba de tiempo rockera.

Concentrado en The North Borders y especialmente en Migration, sus últimos discos, el vivo se desarrolló con la continuidad de un set, con enganches magistrales y también con espacios para la improvisación en los que la banda se destacaba. Quizás por exceso de volumen, a veces el sonido saturaba, lo cual hizo que por momentos me costara sentirme completamente envuelto por las canciones. Pero cuando eso sí pasaba, cuando la música sí me abrazaba, sentía que tanto yo como cada uno de los que ahí estábamos nos convertíamos en un todo mucho más grande.

TXT: Emiliano Nardini de Nordic Tempo
PH: Pablo Mekler

Pablo Mekler

Pablo Mekler

Pablo Mekler

Pablo Mekler

Pablo Mekler

Pablo Mekler