Cobertura: David Byrne en el Teatro Gran Rex

Tras la suspensión del último día del Lollapalooza, fecha de la que era partícipe, el solista escocés brindó un sideshow memorable, de gran despliegue performático.

Después del compacto pero contundente set de Lisandro Aristimuño (artista elegido por el mismo David para abrir la noche), se cerró el telón del Gran Rex y empezó la espera para el número principal.

Un hermoso desconcierto llenó la sala cuando comenzó el show: ni batería, ni guitarras, ni teclados: un blanco cortinado rodeando el escenario por detrás, y en el centro una pequeña mesa y un hombre sentado, con un cerebro humano entre las manos. “Aquí hay algo que llamamos alucinación…¿es la verdad o simplemente una descripción?” canta David mientras señala el cerebro, lo estudia, lo disecciona con preguntas cantadas, interpelando al público. Se trata de “Here”, canción de su reciente álbum “American Utopia” el primero realmente solista en 14 años. Ésta apertura hamletiana parece un ejercicio médico preliminar para lo que luego hará: meterse en la mente del espectador, con un show alucinante, lleno de danza, teatro y pop de vanguardia.
Con el correr de los minutos, el concepto fué quedando claro: once músicos acompañantes, con instrumentos portátiles, trajeados de gris, corriendo y bailando por el escenario, entrelazando actings colectivos e individuales. Agrupándose y desparramándose como niños curiosos, volviéndose gigantescas sombras rituales que tocan tambores endiablados. Y hasta jugando al fútbol entre ellos mientras interpretan “Born under punches” sin un sólo traspié en la ejecución de sus instrumentos.

No pasó mucho tiempo hasta que empezó el desfile de hits de Talking Heads, la antigua banda de David: “I zimbra”, “This must be the place (Naive melody)” y “Burning down the house” desataron al público que rápidamente se levantó de sus butacas para bailar. Entre viejos hits actualizados y varias joyas de su material solista, también hubo lugar para recorrer colaboraciones con otros artistas, ramo en el que David es muy fértil: hubo repertorio de sus discos con St. Vincent y Brian Eno, además de los featurings con X-Press 2, Fatboy Slim y The BPA (la festiva “Toe Jam”, que generó una ovación más por parte de la asistencia).

Pero lo cierto es que, aún con ésta sólida selección de canciones, lo más destacado de la noche fué el despliegue escénico, más cercano a una performance vanguardista neoyorkina que a los estándares de concierto de rock.

Para el fan conocedor, seguramente fué inevitable recordar el conceptual “Stop Making Sense” (1984), show de Talking Heads que puede verse en la película homónima. E inmediatamente después, el pensamiento lógico es el siguiente: a los 65 años, David se sigue superando. Y con creces.

La ovación entre canciones era gigantesca, desbordando los amables “gracias” que el músico esbozaba en español, sin lograr que eso apague la ola de aplausos y griteríos, haciendo que al cantante se le escape una tímida risa de alegría, al recibir tanta calidez.

Ya a la salida del Gran Rex se escuchaba el comentario, entre un público feliz y agotado, comentario que con el correr de los días se hizo presente en las redes sociales: éste es un serio candidato a mejor show del año en nuestro país.

PH: Alive Coverage

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