Cobertura: ‘Hay otra canción’ en el Coliseo

por Fernando Chatarra Fauszleger Ph (gentileza): Romina Santarelli “Parte del arte maravilloso que tiene Buenos Aires, parte de esa magia porteña, estuvo esta noche en el Coliseo con estos músicos”, dijo Fito Páez a minutos de pasada la medianoche del jueves 25 de noviembre. Semejante descripción, posiblemente compartida por la gran mayoría de asistentes al […]

por Fernando Chatarra Fauszleger
Ph (gentileza): Romina Santarelli

Parte del arte maravilloso que tiene Buenos Aires, parte de esa magia porteña, estuvo esta noche en el Coliseo con estos músicos”, dijo Fito Páez a minutos de pasada la medianoche del jueves 25 de noviembre. Semejante descripción, posiblemente compartida por la gran mayoría de asistentes al Teatro de la calle Marcelo T. de Alvear visibilizó de algún modo la calidad artística de la escena de cancioneros* porteños, que ese día estuvieron representados por varios de sus mejores exponentes masculinos: Pablo Dacal, Pablo Grinjot, Lucio Mantel, Alfonso Barbieri, Tomi Lebrero, Alvy Singer (Jano Seitún) y Nacho Rodríguez. A la bienvenida noticia de localidades agotadas (alrededor de 1700 butacas) en una sala prestigiosa y legitimadora se sumaba la presencia del rosarino y de Palo Pandolfo, y de muchas otras caras/voces conocidas invitadas.

Hay otra canción / Un concierto sinfónico fue eso y mucho más. El arreglador Nico Posse vistió de maderas, metales y otros timbres y colores las composiciones de estos siete músicos, para que la Orquesta Académica de Buenos Aires las interprete con sus más de 60 integrantes. Y esos ropajes orquestales, dirigidos por Carlos David Jaimes, dieron una magnitud visual y sonora a las canciones que la audiencia seguramente vivenció anteriormente en salas (casi siempre de mediana y baja capacidad) en las que esta corriente musical se suele desarrollar.

El concierto comenzó (y cerró) con una obra de Posse, a cargo del piano en la mayor parte de la velada. Su continuación fueron las siete primeras canciones con orquesta, a modo de presentación de los cantautores.

Notablemente emocionado y sin intención de disimularlo, Tomi fue el primero en salir, enfundado con una oportuna levita (combinada con pantalón rosa) para interpretar una sentida versión de su tema “El cantor de los pueblos”, una excelente elección: posee versos que podrían definir en parte la actualidad del movimiento de cancionistas: “Vengo al festival de todos, a cantar”, para continuar confesando: “encuentro que no tengo raíz y abrazo todo Occidente, y de tan curioso que soy me bebo sorbos de Oriente. Soy la esponja, el viejo impostor. Soy el cantor de los pueblos”.

La orquesta siguió sonando sin pausa mientras cada autor pasaba la posta a su colega, y así
Alfonso brilló, muy confiado como intérprete, con “Medianoche” -que cita al “(Tema de) Expreso de Medianoche”, de Giorgio Moroder– y luego Dacal dio cátedra de postura escéníca con “El muelle de las brumas”, también en plan cinematográfico (¿un homenaje a la película de Marcel Carné?).

Las buenas ideas van sucediendo en varios lugares a la vez”, dijo Lebrero al iniciar su set, explicando de algún modo esta escena que lo incluye, y estrenó, junto Pat Morita en voz, “Enfermo de amor”. La canción parecía hilvanar su comentario: “Y hoy, sabés, fuimos los bendecidos”.
Para dar cierre a su pasaje por el gran escenario, Lucio tocó “Solar”, disculpándose al presentarla como “la más oscura de esta noche”. La precedió “Nadie en el espejo”, en la que las voces de Juanito el Cantor y Seba Ibarra lo secundaron generando un trío de armónica belleza.
¿Sabrá el tímido Mantel que sus paisajes líricos no necesitan justificarse ni pedir permiso?

A su tiempo, Grinjot lució muy cómodo en escena. Es probable que la causa de su emoción fuese consecuencia de la concreción de aquella idea compartida con Dacal, Seitún y Lebrero desde varios años atrás, cuando imaginaban sus canciones arropadas por una gran orquesta sinfónica. Pablo invitó a sus colegas uruguayos Fernando Cabrera y Daniel Drexler en “Cifra” y “Milonga del tren”, respectivamente; y lo acompañaron también en esta última, Darío Jalfin (piano), Jano (guitarra), Tomi (bandoneón) y el casi permanente Andy Inchausti (percusión).

Cuando Alvy finalizaba su set con “Empezando a terminar” (¡que intensa imagen de frágil crooner!), paladeaba intensamente el momento sinfónico y recordó su paso como contrabajista de la Académica, que abandonó cuando decidió probar suerte como intérprete de sus propias obras. También remarcó la coincidencia autogestiva de los cancionistas y la orquesta, desatando un fuerte aplauso en la audiencia.

Para su momento, Nacho buscó refugio en Los Caracoles: Jano (contrabajo) y Facundo “Faca” Flores (batería) primero, y en sus compinches de Onda Vaga después, y desembocó con tierna timidez, acompañado de Inchausti, Posse y la Orquesta, en “Cantale”, uno de sus temas más trascendentes.

Alfonso presentó al segundo invitado especial de la jornada: Palo Pandolfo, para cantar -junto a Jalfin y Mantel- la litoraleña “Renacer”. Visiblemente agradecido, el experto cantor metafísico acaparó la atención apenas esbozar las primeras frases de la canción que creó junto a Barbieri. Su voz singular rubricó el primer padrinazgo artístico de la noche.

En Dacal recayó la responsabilidad de comenzar a terminar, y se destacó con “El artista popular” (más ideas para comprender el posible papel de estos músicos) y “Zamba del fin del mundo” junto a la cantante Liliana Vitale y el músico Fer Isella al piano.

A los quince minutos de iniciado el viernes, Pablo llamó al otro padrino/amigo de este bautismo: Páez, para entonar juntos “Lo que está sonando”, y cuestionar desde la letra el panorama dominante y no innovador que puebla gran parte del presenta musical reflejado por los grandes medios, mientras pide, o exige, esa urgente canción que “hable de mi, me haga sentir que no estamos perdidos”. Y mientras la Orquesta hacía crecer la sensación térmica de esta experiencia compartida, desde el piano Rodolfo nos aleccionaba al cantar “Tendrás que aprender a construir la melodía que hable de vos”, porque, ya sabemos por pluma y boca de Dacal, que “lo que está sonando no es como tu vida”. Y lo dice por nosotros, y lo dice por él.

El final, con todos los músicos e invitados**, llegó con el tema que cierra el álbum “La la la” que Páez grabó en 1986 junto a Luis Alberto Spinetta y que, por las dudas, remarca: “Hay otra canción”.
El saludo final sumó a Marcelo Ramos, productor general del concierto y, por qué no, un ejemplo a seguir para sostener y dar vuelo a esta camada de cancionistas.

Fueron varias las sensaciones experimentadas desde y hacia el escenario: precaución y timidez por el clima ceremonioso del ambiente o por la imponente presencia de la Orquesta, como si la situación conduciera a todos a emocionarse cautelosamente; también hubo fogonazos de festejo liberado, despertados por la acción de algunos músicos o, en el final, cuando ya nadie se aguantaba y no importaba si el coro masivo afinaba en el tema final. En todos los casos, la constante que fue una felicidad por la celebración compartida, por presenciar esas postales gigantes de los cancionistas magnificados, a la vez que mínimos ante tanta proliferación de instrumentos.

Queda una consideración, o más bien invitación a reflexionar dirigida a los protagonistas de esta escena, que apunta a una de las cuestiones artísticas que posiblemente iluminen el camino, no exento de responsabilidad, que los conduzca al reconocimiento y la masiva recepción. Y se trata de la voz, de sus cuerdas vocales, que reclaman un cuidado y entrenamiento que muchos de ellos parecen soslayar. Seguramente esta acción les otorgaría el mayor espesor sonoro que la magnitud y la belleza de sus canciones necesita, para que desde su propia y potenciada voz se proyecten definitivamente para ser nuestra Voz (y la de muchos). Para que sean tan Cantantes como cancioneros. Para que la celebratoria jornada vivida en el Coliseo sea el primer gran paso de otros gran pasos por venir.
Los que tenemos la fortuna de ser sus contemporáneos lo necesitamos.
Gracias. Más, por favor.

* Jano adaptó el término que, según wordreference.com, es la “colección de canciones y poemas, por lo
común de diversos autores con características compartidas
”, para definir de otro modo a los cancionistas.

** Además de los ya mencionados, participaron los músicos/as María Ezquiaga, Sebastián Rubin, Marcelo Ezquiaga, Jimena López Chaplin, Manuel Onis, Tigre Peyrú, Martín “el Gnomo” Reznik, Julieta Sabanes, Mariano Gianni y Julio Sleiman y Nicolás Pascuzzo.