Cobertura: Les Mentettes e Ignacio del Pórtico en La Tangente

Cómo un show puede ser un punto de encuentro entre estética, buen gusto, amor por el paisaje sonoro y la teatralidad de la música.

Entre unos y ceros, ahí es donde se ubica el show que brindó el pasado viernes Les Mentettes en la Tangente. Y es que cuando estos talentos salen a escena, automáticamente se activa un sentido que excede la matemática a la que estamos acostumbrados, y que nos muestra que en el medio también habita algo que vale la pena escuchar; los matices.

La noche comenzó de la mano del misionero Ignacio del Portico con su pop onírico, que nada tiene que envidiarle al mismísimo Mac Demarco. Ajustado, emotivo e íntimo, fue la antesala perfecta para lo que seguiría.

El show de Mentettes arrancó con la proyección de su último video “Dar el brazo a torcer”, dirigido por Michelle Gualda (merecida nota aparte para esta pieza) y presentado por Eugenia Brusa, cantante y poseedora de ese talento espontáneo tan lindo para manejar espacios y transformar un momento de espera, puchito, trago o comentario, en un momento de risa cómplice y ganas de abrazarlos. Así empezó a construirse una atmósfera que no caería en toda la noche.

La frescura de estos curiosos aparece cuando Adrián Rivoira, cantante y guitarrista, despliega la química en tándem con Eugenia o cuando el sólido y finísimo dúo rítmico formado por Ezequiel Spinelli, bajista, y Tomas Molina Lera, baterista, se mira para festeja un final explosivo perfectamente logrado. Está también cuando la magia de Pablo Font, tecladista del grupo, nos hace mover los hombros con su baile o nos transporta sobre una alfombra, que no tiene nada que envidiarle a Aladino. Esa frescura es lo que los multiplica más allá de los límites del escenario.

Verlos en vivo también resulta un imán sonoro, fragmentado cuidadosamente en cada una de sus canciones. Entre los puntos más altos de la noche estuvieron las melodías suaves que flotan sobre paisajes épicos de tinte ochentoso (“In The Same Way”). Los pulsos electrónicos que acompañan un baile sincopado (“Beautiful”), la trilogía reflexiva que se canta entre todo el público (“Dar el brazo a torcer”, “Te Vas Sin Discutir” y “No Sé Si Nos Puedo Rescatar”) o baladas para repensar las baladas (“Dust in space”). Todo esto ejecutado con una precisión de lupa, milimetrado para que cada nota, cada golpe y cada corte, tenga el protagonismo que tiene que tener (chapeau al sonidista).

Hay en los matices que plantea el show de Mentettes, una riqueza que nos permite observar con más nitidez el cosmos que rodea a todo eso que sucede en la soledad del estudio o en una sala de ensayo. Es la oportunidad que tenemos de experimentar con otros sentidos cómo opera su música. Justamente ahí está lo hermoso de una actuación en vivo y creo que de esta experiencia salí más vivo que nunca.

Les dejamos unas capturas de la noche, para que viajen por un rato con nosotros a este paisaje musical tan bello.

PH: Alelí Alegría Cuba

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