Cobertura: The Drums en Niceto Club

The Drums se presentó en el escenario de Niceto Club recientemente y nosotros estuvimos ahí para contarte cómo fue desde la apertura por parte de Pyramides hasta el cierre del show de The Drums.

El martes por la noche con un sold-out ya avisado de antemano, se presentaba The Drums en una nueva visita a Buenos Aires bajo el marco del ciclo IndieFuertes. Pero los encargados de abrir la noche fueron los chicos de Pyramides que arrancaron una vez que el lugar ya estaba colmado. Su disco Vacíos y Variables dio mucho que hablar por todos lados y ahora estaban encargados de demostrar el por qué y así fue.

Empezaron con “Santuario”, “Lluvia” y “Contra luz” y se empezó a notar la atmósfera que irradia el post-punk reflejada en un público que no estaba muy familiarizado con el caso, pero no por eso se mostró indiferente, sino todo lo contrario. La gente empezó a preguntar quiénes eran y quienes sabían repartían la información. Luego llegó el turno de “Sol de Invierno”, una de las mejores canciones de Pyramides porque terminan de ilustrar los escenarios que inspiran sus canciones. La voz grave, un bajo presente y activo, guitarras que marcan la espacialidad que rellena un teclado lúgubre y una batería que acelera los compases de la tormenta.

También se dieron el gusto de mostrar canciones nuevas como “Hartarme”. Pyramides es una banda que se mantiene en constante actividad y si esta era una buena oportunidad para llamar la atención del público, fue mejor ir con todo. Con lo que es nuevo, porque su disco tiene un año, pero también con lo que es más nuevo y aun ni siquiera está grabado. Pyramides tiene la potencia de expandir la escena, porque su música te demuestra que el público es curioso en torno a sonidos oscuros pero con potencia. Sus canciones “Sumergido”, “Afuera” y “Mía” terminaron de atrapar al público en su atmósfera distorsionada con paredes de ruido y pinceladas metálicas. El intermedio entre el blanco y el negro, Pyramides ilustra ese movimiento frenético, casi epiléptico en un final con una canción como Caoscalma. La banda se despidió y seguramente en el próximo show habrá muchas caras nuevas.

Con un Niceto que rebalsaba de gente, salieron a escena Jonny Pierce y compañía; delante de una tela enorme, negra y naranja por la estética del último disco, se anunciaba The Drums. Su última visita había sido en el 2015 y aún con Jacob Graham como integrante; en la presentación del martes, de lo que la banda fue en sus inicios, sólo se conservó su vocalista. Pero esto no pareció importar demasiado, Pierce sigue adelante cautivando a un público que se enloquece por bailar las canciones de todas las distintas formaciones que tuvo la banda. Arrancaron con algo de “Portamento”, su segundo material discográfico: What you were y la fiesta comenzó. Empujones no intencionales, sino que eran pequeñas reacciones de querer hacerse el lugar para ponerse en movimiento, The Drums tiene eso que te invita inmediatamente a mover el esqueleto. Siguió con algo mejor aún, “Me and the moon”, esa canción del primer momento, del Pierce más joven y más dolido, con esa intrigante forma de ubicar el desamor en un terreno no angustiante, sino tornadizo y hacer de Niceto un paraíso que ilustraba la canción cuando la gente le cantaba a la luna señalando la enorme bola de cristal en el techo.

Los primeros golpes del redoblante ya le hizo saltar la ficha a la gente y recibió la siguiente canción con una fuerte ovación: “Best Friend”, donde algunas personas aprovecharon y se dieron un abrazo, The Drums también genera eso, esa sensación de querer compartir la música con alguien. Esta primera oleada de canciones viejas mantuvo al público a saltitos en el lugar, pero como dije anteriormente, esta sumatoria de pequeños movimientos hacía algo inmenso en la masa general. The Drums se baila con piernas y brazos, con rodillas flexionadas y los ritmos rectos de los codos son friccionados por la onda de las muñecas, todo esto de un lado hacia otro, de arriba abajo y sin tener preponderancia en la velocidad. No importa; porque cuando estás muy arriba, la melodía de un tema como Days, te recuerda que The Drums es como una carta de amor que encontrás arrugada en un cajón, tiene un poco de nostalgia y un poco lágrimas, pero todo eso envuelto en un olor delicioso que te acaricia las entrañas.

Las canciones viejas siguieron pasando, de Let’s go surfing a Money, pero también se le dio espacio a las nuevas que era necesario para seguir demostrando el espíritu vigente de la banda. Hicieron una seguidilla de Abysmal Thoughts con canciones como Heart Basel, Blood under my belt y Mirror; lo bueno fue que la gente la recibió con el mismo nivel de entusiasmo, dando a entender que la banda sigue recolectando público nuevo que se adentra al nuevo espíritu que optó por tomar el grupo, dejando de ser una banda y siendo más similar a un proyecto solista. The Drums puede cambiar el fondo pero su frontman se queda con todo. Las canciones del último disco conservan la pluma con un poco de The Cure, mezclado con The Smiths, pero no quedarse en las referencias de las nubes del pasado y jugar a ser un poco más modernos.

Después de una pequeña pausa la banda regresó con la última canción que dio a conocer hace poco, “Meet me in México” y se jactó del presidente Donald Trump, pero el público respondió con el nombre de nuestro presidente. La noche ya estaba terminando y entre tanto movimiento también se le abrió lugar a un cuestionamiento político y social. Luego llegó el momento de calmar las aguas, y que mejor canción para representar la acción de hacer algo así, que sumergirse en “Down by the water”, donde Jonny regala un solo de voz y mientras más levanta el tono, más fuerte es el dolor. Las luces cambiaron de ese naranja que se mantuvo presente casi toda la noche, a un verde azulado con una paleta apagada. La noche se estaba cerrando tal como se lo esperaba, pero hubo también lugar para algo más y las luces se terminaron de apagar cuando sonó la última canción que fue “If he likes it let him do it”, con una versión muy nueva calcada para dar el clima de cerrar un recital. The Drums se despidió con un fuerte aplauso y un deseo colectivo de regreso.

 

Fotos por Matías Casal 

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