#DiarioDeGira: Potra en Alemania (Parte1)

El disparador de nuestra gira al viejo continente fue la invitación a participar del festival de música Weltenklang (ciudad de Ingolstad, Alemania). La primera sensación fue la felicidad y el entusiasmo, seguida de la incertidumbre de pensar: ‘¿qué pasa cuando se canta en otro idioma?‘… Lo cierto es que nosotras venimos tocando hace muchos años […]

El disparador de nuestra gira al viejo continente fue la invitación a participar del festival de música Weltenklang (ciudad de Ingolstad, Alemania). La primera sensación fue la felicidad y el entusiasmo, seguida de la incertidumbre de pensar: ‘¿qué pasa cuando se canta en otro idioma?‘…

Lo cierto es que nosotras venimos tocando hace muchos años juntas, algo así como ocho… y desde aquel entonces, el riesgo ha sido un compañero y musa de nuestra música.

La llegada: Aterrizamos en Madrid, después de una panzada VIP, un paso ligero por el free shop y las ansiosas 14  horas de vuelo. Las primeras palabras al llegar fueron ‘Qué loco! Nunca nos hubiéramos imaginado que nuestra música nos iba a hacer viajar hasta tan lejos‘, frase que más adelante se convertiría en: ‘mira a donde te traje, te caes de orto‘. A partir de ahí todo se volvió emoción, diversión, investigación, sorpresa. Y sí, la música siempre acompañándonos, o mejor dicho nosotras acompañándola a ella… éramos ‘mucho más que dos’.

Estuvimos una noche en Madrid y a las cinco de la mañana nos aguardaba el avión que nos llevo a Munich (Alemania) donde pasó a buscarnos nuestro primer amigo oficial -muy buena onda- de la gira, llamado Joy. Un trompetista estudiante de jazz al que no paramos de indagarlo, con la verborragia que nos caracteriza, sobre las costumbres alemanas de todo tipo. Incluso filmamos nuestro primer video con el famoso cántico de la banda: ‘Y dale dale dale Potra‘, pero esta vez traducido al alemán. A partir de ahí teníamos lista nuestra conquista: nos dejó en el predio donde días después daríamos nuestro primer concierto. Allí nos encontramos con nuestra querida manager Magda  (que había llegado el día anterior), su amiga y anfitriona en nuestra estadía María, su hermosa e inolvidable hija Amara y Mathías, la cabeza mentora del festival. Rápidamente nos amamos todos y construimos una gran familia que duró cinco días, tal vez los mas lindos e intensos de nuestras vidas.

Entre el jet-lag y las cervezas nos fuimos enamorando de Ingolstadt, esa ciudad en la región de la Bavaria con mucha mística y secretos. Es una ciudad no muy grande de 127.000 habitantes en donde se encuentra la fabrica de Audi, por lo que gran parte de la población trabaja ahí, como otro amigo de ruta, Elías. Por esta razón de ser una ciudad industrial,  el Festival de Weltenklang es tan importante y ansiado por los lugareños. Funciona como un estrecho contacto con la cultura, con la música de varias partes del mundo.

Al día siguiente, con la adrenalina a flor de piel, alquilamos un auto y nos fuimos a conocer Salzburg (Austria), que queda a 300 km de Ingolstadt, la ciudad de Mozart y de La Novicia Rebelde. Una tarde llena de historia y un viaje de GPS y caminos alternativos!

La mañana siguiente tuvimos nuestro primer concierto, ya organizado desde Argentina, en una escuela para chicos discapacitados que tiene la tarea especial de educarlos en sus niveles primario y secundario como también enseñarles ciertos oficios para la vida futura. Es cierto que nos sentíamos algo nerviosas, ya que nunca nunca habíamos hecho algo así y hoy, post concierto y gira, podemos afirmar que fue una de las experiencia más lindas y enriquecedoras que hemos hecho en nuestra carrera musical. Es indescriptible transmitir en este Diario de Viaje lo vivido esa mañana. Tal vez, podemos decir que ese concierto nos hizo volver a entender lo fuerte que es la música y su poder de trascenderlo todo. Allí no importaba el idioma, la edad, ni el ego artístico: ser o no ser famoso. Se jugaban otras premisas, la misión era tan solo energética: la música en estado puro, atravesando barreras, llegando a lo más profundo de los corazones de cada uno de los que estábamos ahí. Lloramos.

Esa noche, comenzaba el Festival. Fuimos al concierto de un africano, Njami Sitson, que cantaba y tocaba instrumentos autóctonos, generando algunos puntos climáticos casi de mantras. Luego cerró ese día un grupo español.

El 18 de abril, era el turno de POTRA. Una mañana relajada pero no por eso holgazana. Después de nuestro desayuno alemán y nuestro aseo diario, nos decidimos a reservar el auto que nos llevaría a Berlín días después. Si señores!: las autopistas alemanas ahora no solo se caracterizan por el no limite de velocidad, sino que también han sido potreadas!. Almorzamos con amigos que habían venido desde lugares cercanos, así que esa noche la suerte nos brindaba público conocido que fue llegando en auto o tren a la ciudad de Frankestein (!)

POTRA se encargaba de la apertura de ese ultimo día de Festival. Dos guitarras, voz, coros y toda la música por delante. Infaltable la bienvenida con gritos y aplausos de nuestros amigos de habla hispana. Dato que no le resultó menor al periodista, que luego escribió una reseña del concierto con hermosas palabras que resaltaban nuestra pasión y entrega. Ya habíamos puesto en marcha y en boca de los alemanes el canto ‘Auf geht’s

Como cierre del show fuimos a festejar a Tatgtraumbar, el bar con mas onda de todo Ingolstadt. Stephan, su administrador y encargado, rápidamente se transformó en nuestro nuevo amigo, cómplice y en broma seudo-manager,  ya que organizó para el día siguiente un brunch con POTRA como anfitrionas. A pesar de la resaca post festejo, el domingo soleado y el entusiasmo nos ayudaron.

Nuestro concierto fue hermoso e íntimo, en un living preparado como escenario. Recibimos con alegría y agradecimiento la escucha respetuosa que hicieron esa mañana. Teníamos público alentador e incluso uno muy particular que había ido especialmente para poder escucharnos otra vez después del concierto de la noche anterior. La audiencia alemana se dejó conmover y nosotras nos conmovimos con ella.

Stephan, ya subido y galopando con POTRA,  mostró a pocas cuadras de allí Shanti, un bar para fumar en narguile. Ni bien llegamos coincidimos en organizar una tocada a la noche, eran las cuatro de la tarde… teníamos apenas 4 horas mas para organizar el evento. Cuestión que no le fue difícil a Stephan, que no paraba de enviar mensajes e invitar a gente por la calle para el concierto. Así fue, 7.30 PM estábamos ahí, con todo cuidadosamente listo: mesitas bajas, almohadones, las shishas encendidas y la iluminación a cargo de cientos de veletas. La noche fue mágica, la gente que estaba presente había ido especialmente a escucharnos, éramos un todo. Stephan en la percusión y Joy en trompeta fueron los invitados de la noche, éramos una familia musical, esa fue nuestra despedida.

POTRA partía a nuevos rumbos y esta vez se llevaba consigo amigos, anécdotas, música y una marca imborrable.

Como todo buen cierre, la noche se fue alejando entre cervezas y canciones ‘fogoneadas’.

Por: Sofia Vitola y Candelaria Molina