#DiarioDeGira: Dedés en USA

Grabar en Nashville. Tocar en Nueva York. Vivir en buenos aires. Viajar a Nashville no solo fue ir a grabar una canción, consistía pasar por la disquería del chabón que hizo uno de los 5 discos que me cambió la bocha y me dieran ganas de hacer mis canciones. Fue como ir a dar las […]

Grabar en Nashville. Tocar en Nueva York. Vivir en buenos aires.

Viajar a Nashville no solo fue ir a grabar una canción, consistía pasar por la disquería del chabón que hizo uno de los 5 discos que me cambió la bocha y me dieran ganas de hacer mis canciones. Fue como ir a dar las gracias por el empuje. Y pasar por Nueva York, que es LA ciudad: todo pasa ahí y a la vez.

Comencé grabando discos en mi casa, y luego pasé por dos estudios. Ahí me di cuenta que lo importante para mí fue ir descubriendo cómo cada canción se podía manifestar de distintas maneras, y todas válidas. Todas ofrecen un juego diferente.

Quise hacer este viaje cuando me enteré que existía el Record Booth en Third Man Records, la bati cueva de Jack White: estudio de grabación, sala de conciertos, disquería y donde edita los discos que produce. Quise hacer este viaje no solo para grabar una canción en un disco de vinilo en vivo con tecnología de los 40’s, sino también para demostrarme que no hay una sola manera de hacer las cosas, de hacer canciones. Existen miles de maneras. Pero lo importante es sentirla única y de uno: defenderla.

¿Qué es ser profesional? ¿Hacer algo con altura para uno mismo o para que los que están acostumbrados a un sonido en particular lo puedan escuchar sin problemas? ¿Puedo tener una banda? ¿O solo me voy a pasar el tiempo escuchando música porque no soy lo suficientemente bueno? ¿Qué es ser bueno? ¿Quién dijo? ¿Por qué?. Basta. Hacelo y ya.

Grabar una canción esta vez no fue entrar a un estudio cuatro días seguidos. Fue tomar un avión, 12 horas de viaje, salir corriendo a otro avión, llegar. Recorrer la ciudad 3 días, componer ahí mismo la canción, tomar un colectivo, llegar y grabarla.

Caminar con la guitarra de mi viejo a cuestas por calles suburbanas que te hacen sentir que estas recorriendo las calles de Better call Saul, Breaking Bad o de Mistery Train de Jarmusch (si, esta filmada en Memphis, una ciudad vecina), hasta que por ahí, por fin, vi el cartel y pude decir: “Llegué”.

Cuando tuve el disco en mis manos no solo tuve la sensación de que tres años de espera habían valido la pena, sino también la satisfacción de que con Agos (el baterista de Dedés) elegimos un camino para contar nuestra historia, de la manera que queremos. Que terminará quien sabe dónde, pero que lo estoy disfrutando como nadie.

A todo esto 20 días en la ciudad más increíble del mundo me esperaba, con dos fechas en menos de una semana. Una en Piano’s Bar y la otra en Otto’s bar.

Estar en NY sabiendo que vas a tocar dos noches es increíble. Me lleno de felicidad saber que una ciudad enorme me dio un lugar. Repasé y terminé de armar mi repertorio en formato acústico en un departamento en Harlem, con algunos six pack’s de Blue Moon a mano.

Un amigo y yo pasamos más de dos semanas recorriendo todo, en uno de los tantos bares que conocí me regalaron whisky por ser del país de Batistuta.

Claro está pase a saludar al ex CBGB, lugar donde toda la movida punk neoyorkina nació, recorrí todas las casas de música y volví con varios vinilos (Transformer de Lou Reed, Elephant de White Stripes, Ty Segall y varios más). Atravesé un mar de carteles y luces, cada esquina fue “esto está en tal peli, acá es el tonight show” y miles de etcéteras más.

Llegué a los bares donde toqué, obviamente poniendo a prueba mi ingles nivel provinciano para manejarnos en subtes y colectivos. En ambos bares la gente fue muy amable, en todos me lleve un aplauso, una felicitación y un “what language do they speak in Argentina, portuguese?”.

La paga fue tocar para gente que no me conocía y que hablaba en inglés, la paga fue la frase más loca que dije hasta el momento: “Voy a tocar en Nueva York”. La paga fueron muchos vasos de Brooklyn Lager.

Me volví con un disco de vinilo. Con una canción compuesta en Nashville. Nollensville Pike, la calle que recorrí en bondi todos esos días para ir al centro, probablemente a The Wheel a ver bandas country y a tomar mil latas de Pabst Blue Ribbon. Dios la resaca que propicia esa cerveza. Costaba 3 dólares la lata.

Pero también me volví sabiendo que uno de los tantos caprichos, como tener una banda y grabar nuestro segundo disco estaba cumplido. Esperando a que los próximos empiecen a llegar.