Dylan de Oro: ‘Highway 61 Revisited’ cumple 50 años

  La balada de un hombre sarcástico   “¿Cómo se siente?” es la pregunta desnuda y directa que hace Bob Dylan en el estribillo de “Like a Rolling Stone”. Con un tono como si no quisiera una respuesta de quien lo oye, así abre Highway 61 Revisited, el disco seminal que el mes pasado cumplió […]

 
La balada de un hombre sarcástico
 
¿Cómo se siente?” es la pregunta desnuda y directa que hace Bob Dylan en el estribillo de “Like a Rolling Stone”. Con un tono como si no quisiera una respuesta de quien lo oye, así abre Highway 61 Revisited, el disco seminal que el mes pasado cumplió 50 años.

Solo podemos imaginar cómo se sentiría estar manejando por la Autopista 61 que atraviesa las tierras de donde salieron Muddy Waters, Son House, Elvis y donde Robert Johnson vendió su alma. Hasta el mismísimo Bob la recorrió y así, quien alguna vez fue llamado “la voz de una generación”, vomita una de las canciones más largas, irónicas y revolucionarias de los sesentas.

El “Jefe” Bruce Springsteen describe el primer golpe de redoblante como “el de alguien que abre la puerta de tu mente de una patada”; y así suena. Ya desde el anterior Bringing it all Back Home, Dylan asomó tímidamente su costado eléctrico y para Highway 61, apostó con fuerza para un disco casi enteramente amplificado. La música se puso más fuerte, rabiosa y pasional. Bob estaba dejando de ser el chico de pelo corto y cara regordeta inocente que cantaba canciones de protesta. Se estaba convirtiendo en el de la foto de la tapa, esa en que mira a los ojos, pensando y sin decirlo explícitamente, mientras “una chica” – en realidad su amigo y músico Bob Neuwirth– lo espera para salir.

Para Mayo de 1965, luego de la vuelta por su primera gira en Inglaterra, un Dylan un tanto desconcertado y desencantado con su música, la música de otros y el mundo, se sentaba en su nueva casa de Woodstock, Nueva York a escribir lo que serían las canciones de Highway 61. Así, el sexto disco de estudio funciona como un recorrido por sus distintos humores, personificando una reinvención de alguien a quien todos conocían como un chico dulce que traía la nueva palabra del folk.

Quizás el momento más icónico de esa nueva etapa fue en tiempos de grabación. Dylan se subió al escenario del Newport Folk Festival con una guitarra eléctrica colgada del cuello y con músicos de la Paul Butterfield Blues Band, dispuesto a volarle las cabezas a un público que esperaba letras de protesta y armonías vocales suaves.

Tal fue el escándalo que hasta hoy sobrevive la leyenda de que uno de los organizadores del Festival, el icónico músico folk Pete Seeger, corrió con un hacha para cortar el cable de electricidad mientras Dylan y su banda reventaban el equipo de sonido.

La personalidad de su backing band y el blues es el ADN de casi todos los nueve temas que componen el álbum. La guitarra rabiosa, las estiradas de cuerda un poco desafinadas de Mike Bloomfield y el órgano juguetón de Al Kooper fueron el tono necesario para la música que Dylan mastica en las palabras que canta. Aquel resultado fue casi tan impensado pero esencial como la aparición de Kooper, quien entonces era un adolescente que se coló en la sesión de grabación.

En “Ballad of a Thin Man la voz de Dylan ilustra el sarcasmo de los versos mientras se burla de un tal Mr. Jones. Las poderosas palabras que describen a una o a miles de personas que lo molestaban en esa época, muestra el poderoso nivel de catarsis que su música tenía en el joven de 24 años. Aquel Dylan no deja de ser crítico, pero en vez de proponer una solución, se sienta a burlarse de aquello que no soporta y hasta por momentos, de él mismo. Y en esa ecuación de cinismo, hay un enorme espacio de tristeza, como en la “It Takes a Lot to Laugh, It Takes a Train to Cry” (Reir cuesta mucho, con solo ver un tren nos largamos a llorar).

La vigencia de este disco está en el legado de sus letras y un sonido nuevo y crudo, alejándose de la madera. Aquel desafío hizo que Dylan perdiera muchos amigos pero al mismo tiempo supone un camino necesario donde había una necesidad latente de decir las cosas con más fuerza.
Así, Highway 61 Revisited elabora un recorrido por una ruta desconocida y lejana: uno está solo pero acompañado de uno mismo y con todas las caras de la personalidad.

por Fede Petro