El reflejo de Borges en el rock: su encuentro con Mick Jagger y la locura por Pink Floyd

Jorge Luis Borges que 31 años atrás dejó este mundo para pasar al Paraíso, ese que él mismo describió alguna vez como “una especie de biblioteca”.

En ese punto algo imprevisible ocurrió. Desde un rincón el viejo gaucho estático le tiró una daga desnuda que vino a caer a sus pies. ‘No hubieran permitido en el sanatorio que me pasaran estas cosas’, pensó. Y sintió dos cosas”, lee Mick Jagger – o Turner, el personaje que enfunda en la película Performance (1970)– con un inglés inconfundible, limpio, modulando cada frase y haciendo énfasis en cada sílaba. Es que al hablar está citando el final de “El Sur” de Jorge Luis Borges.

El pasaje que lee Jagger en la película dirigida por Donald Cammell y Nicolas Roeg es solamente una de las intertextualidades presentes en el film. Toda la historia, sumida en imágenes psicodélicas de sexo, droga, violencia y música, es una referencia a la ironía, la cuestión del existencialismo y la incapacidad que tiene el ser humano de enfrentarse a la realidad; elementos que se repiten en los libros y cuentos de Borges. “Nada es verdadero, todo está permitido”, dice Jagger en la película. Frase que bien podría sintetizar la colección de Ficciones.

A la realidad le gustan las simetrías y los leves anacronismos [“El Sur”]: cuando en Performance Chas (James Fox) le dispara a Turner (Mick Jagger), aparece la imagen del escritor argentino junto a un espejo que se rompe. Esto está estrechamente vinculado a la muerte del director Donald Cammell: su mujer -China Cammel, colaboradora de sus trabajos- cuenta que, tras suicidarse de un tiro, el dramático escocés (perseguido por la muerte y el suicidio hacía ya muchos años) agonizó durante 45 minutos. Fue entonces cuando le pidió a su mujer que le alcanzase un espejo y al verse reflejado, le preguntó: “¿Lo ves a Borges?”

La película predijo lo que el destino quizás ya había escrito, pues el mito cuenta que Jagger y Borges se encontraron años después en el lobby de un hotel en Madrid. Los astros se habrían alineado y entonces, lo imprevisible habría ocurrido:
 

—Maestro, yo lo admiro, yo he leído toda su obra —le dijo Mick Jagger arrodillándose y tomándole la mano al reconocer al ya ciego Jorge Luis Borges.
— ¿Quién es usted señor?
—Mick Jagger —contestó el joven.
—Ahhh —dijo con asombro, e inclinándose hacia atrás agregó—: El cantante de los Rolling Stones.
El músico casi cae desmayado y pregunta:
—Pero maestro, ¿usted sabe quién soy?
—Claro, yo conozco casi toda su obra —respondió.
 

Cuando se filmó The Wall fuimos a verla tantas veces que Borges se sabía las letras de memoria”, cuenta Maria Kodama -exalumna y mujer- en una entrevista de canal encuentro. “En lugar de ponerle happy birthday para su cumpleaños, él quería que le pusiéramos The Wall de Pink Floyd”, agrega la escritora.

Los cuentos de Borges y las letras de Pink Floyd desafían al absurdo, a la realidad. El arte permite lo que por naturaleza, la razón rechaza. ¿Pero qué es la razón? En “El Sur”, ¿los hechos suceden en el hospital, donde Dahlmann está expuesto a tratamientos dolorosos e insoportables, donde se odia a sí mismo y odia a todos? ¿O transcurre en el Sur, donde tiene el casco de una estancia, heredado de su abuelo materno, aquel Francisco Flores -del 2 de infantería de línea- donde la habría gustado vivir y morir?

La historia congelará estas preguntas y Jorge Luis Borges siempre existirá junto a sus paseos por la ciudad. Buenos Aires la fría, la dulce, la suave, la romántica, tanguera, poeta. Los personajes viven, las historias caminan y su legado permanecerá intacto, inmóvil, quieto. “La única actuación que lo logra, que verdaderamente lo logra, es aquella que alcanza la locura”, dice Mick Jagger en Performance. La obra de Borges no solo la alcanzó, más bien la consumó, la hizo propia, la hizo suya.
 


 

Ilustración por Fernando Vicente – Libro De Madrid Al Palace.