Open Folk: El renacimiento del folk

Cumple tres años Open Folks Nights, vidriera de una nueva generación de cantautores. Entrevista a Fede Petro, músico, productor y creador del ciclo.

Un músico entra con su guitarra colgada por la puerta del fondo de un pequeño escenario. Da media vuelta, cierra la puerta y se dirige al frente, donde una silla lo espera. Se sienta de cara al público, al que solo se le distinguen unos pocos rasgos por la iluminación de las velas sobre las mesas. En ese momento, el breve murmullo que había en la sala da lugar a un completo silencio. El músico, que mira a su público y aumenta la tensión, contará primero una historia, luego empuñará su guitarra acústica y, en soledad, comenzará a cantar.

El lugar es el espacio cultural El Universal y el músico, cualquiera de los quince que martes tras martes se prensenta en las Open Folk Nights, ciclo que en este mes de mayo cumple tres años y que se consolida semana a semana como uno de los espacios autogestivos más importantes del circuito under de la ciudad.

 

¿Cómo surge Open Folk?

 

Surge cuando conozco a Martín Grossman. Él tenía un ciclo con Nathy Cabrera en un lugar que se llama Leitmotiv y los martes después de ir a lutería iba a ese bar a escuchar a alguien que tocaba y Grossman pasaba música. Me gustaba el bar, la buena onda, era entretenido. Pero no iba nadie. Nadie. Me acuerdo que el dia que nació la Open Folk tocamos para la gente del bar y dos personas más. Acababa de ver una película de los hermanos Coen —Balada de un hombre común (2013)—, toqué unos temas de esa película y dije ¿por qué no hay esto acá?

Con Grossman empezamos a charlar: “el formato de open mic da porque atrae gente, inclusive los amigos de los músicos pero no quiero hacer open mic porque acá hay mucho cararota”. Pensamos cuántos músicos y cuántos temas debían tocar, de una semana para la otra hicimos un flyer, lo imprimos y fuimos a los hostel porque creímos que ese era el público. Empezamos a promocionar en Facebook y de a poquito comenzaron a aparecer músicos. A medida que fueron pasando las semanas vinieron más músicos, más público y mucho más talento. Ahí fue el punto de quiebre. El nombre ya estaba y dijimos “che esto sirve”.

 

¿Y cómo llegan al Universal?

 

Nos mudamos primero al Gorrión Negro, ahí se empezó a crear una mística porque el lugar es espectacular y ya teníamos setenta personas por Open. Estabamos muy en todo, hacíamos el sonido, elegíamos a los músicos, teníamos muchas funciones y nos empezó a quedar chico también. Dijimos ¿cómo financiamos esto? necesitamos darle una mínima identidad. Después pasamos por La Casa del Árbol, pero ahí no podíamos hacer música los martes y ese era el día que nosotros funcionábamos. No queríamos cambiar lo que iba saliendo bien. Terminamos en Multiespacio Korova, en donde pudimos diseñar la estructura que tenemos ahora. Descubrimos que había que tener un camarín más o menos grande para que los músicos interactúen, se pasen temas, se conozcan y nos dimos cuenta de lo importante que era el silencio, entonces empezamos a callar a la gente de manera muy bruta, con un buen “sshhh”. Eso instaló la manera de escuchar música en la Open Folk. Siempre había alguien que te callaba de mala manera. Implementamos un sonidista, lo cual es una tarea menos para hacer nosotros y comenzaron a venir músicos como Nico Bereciartua (ex Viticus, Riff), chabones grosos que venían a probar cosas nuevas de forma muy humilde. Estábamos tratando de que Korova mejore su infraestructura pero ellos no podían pagarnos más y ahí llegamos al Universal.

Al espacio lo fue a ver Martina Galarza que nos ayudaba en diseño y producción. Me dijo “este es el lugar, está bueno, tiene un lindo patio y el sonido es excelente”. Entonces entramos con lo que vale Open Folk. Estábamos metiendo ochenta personas fijas por semana, para cualquier centro cultural eso los martes es una mina de oro. La Open Folk es una pseudo garantía, en un día de lluvia y frío viene un montón de gente igual. En El Universal la cosa empezó a funcionar mejor, pudimos publicitarnos correctamente, poner la dirección del lugar. Lo que hicimos fue sistematizar una hippeada, le metimos forma para no volvernos locos. Es muy fácil quedar mal con un músico y quedar pegado a eso.

 

Hay una selección de los músicos que se presentan ¿cómo funciona?

 

Por semana llegan entre veinte y treinta mensajes de personas que quieren tocar. Nosotros le pedimos que envíen su material. Hay de todo, hay gente que manda de géneros que no tienen que ver con lo que estamos buscando. También lo que estamos buscando cambió con el tiempo. Al principio era Folk americano literal, temas propios o cover, en español o ingles, después nos expandimos al género cantautor un poco. Hay ciertas aristas en cómo toca y cómo cuenta la historia un músico, y eso es lo que vemos a la hora de elegir. Otra cosa que vemos es que estén preocupados por cómo suenan. Tenemos una vara muy alta y también tenemos una visión con respecto a los músicos que empiezan. Hay músicos que tocan bien pero se los nota inseguros. La experiencia de Open Folk puede ser muy buena o muy mala para el que está empezando porque va y se encuentra con otros músicos que la rompen y él tiene que llevarse eso de ahí. El talento que hay es a la vez inspirador y desafiante. Cuando viene un músico que canta y toca cien veces mejor que yo digo para esto vale la pena seguir.

 

 

Fede Petro 2

PH: Phlori

 

En su página web presentan a la Open Folk como un movimiento cultural. ¿Qué comprende ese movimiento?

 

Lo llamamos así porque los mismos músicos lo llevaron hacia otro espacio fuera de lo musical. Hubo una especie de renacimiento del Folk acá. Creemos que somos varias personas que caminan hacia el mismo lado buscando que varias cosas cambien la ideosincracia de la cultura nuestra. Los músicos tienen que tocar en lugares que sean buenos, seguros y no se les tiene que cobrar por tocar. Que no te hagan laburar para una marca gratis. Empezamos a ver y experimentar alrededor nuestro la vivencia de todos los músicos y tratamos de ayudarlos. El músico rasga las paredes para conseguir un mango y viene alguien y te mata cobrándote una fortuna. Lo de movimiento es porque trasciende lo artístico. Yo como músico me lo planteo de esta manera. ¿Qué es lo que me gustaría que alguien haga por mi?

 

Se nota en la producción del ciclo que la estética tiene un lugar importante…

 

Sí. Tratamos que las cosas sean prolijas, sean lindas. La estética tuvo mucho que ver con sumar a Martina Galarza que diseñó el logo y realiza todo el diseño gráfico de Open Folk. Ninguno de los cuatro sabía absolutamente nada. Yo habia hecho algunos laburitos como productor, Grossman de pronto tenía un poco más de experiencia en el funcionamieno de un boliche, pero nadie sabía muy bien cómo vender esto. Martina Galarza hizo el logo y dijimos ahora hay que mantener todo en este nivel, si no podemos hacer algo a la misma altura de lo anterior, no lo hagamos. Había que darle una estética unificadora a todo, si hay que invertir un poco de plata en hacerlo lindo, hagamoslo.

 

Open Folk también se transformó en un sello, producen y acompañan a los músicos…

 

Hay muchos músicos que vinieron a presentarse a la Open Folk y comenzaron a pasarle alrededor cosas positivas: consiguen trabajo, empiezan a tocar en otros lugares. Reafirmamos lo que sale bien y trabajamos sobre eso, si vemos que hay un tema que está muy bueno le decimos al músico “este tema nos encantó”. Sabemos como impulsarlos. Juan Demarco me decía, “yo acabo de grabar un disco, con sonidista y músicos que conocí en la Open Folk y con los que estoy tocando hace un año”. La producción de discos es mi frutilla del postre. Tengo un poco de control creativo sobre el producto, puedo transmisitir y armar arreglos, lo cual me fascina.

 

¿Quiénes son referentes hoy?

 

Cuando arrancamos la Open Folk no sabíamos quién tocaba este género. De pronto apareció Brian Zditowski que sabe todos temas de blues y folk antiguo. Apareció Juan Demarco que sabe montón de temas de Dylan… asi sucesivamente. Karina Vismara, Titi Stier, Leo Parra Castillo, Agustín Donati y más. El logo de la Open Folk fue la batiseñal de este género. Empezaron a caer músicos. Yo soy un fiel creciente de los nichos. si esto tiene un techo lo vamos a ver, pero mientras siga creciendo no me preocupa.

 

¿Es rentable el Folk?

 

Hoy en dia creo que ningún género es rentable salvo la cumbia y el reggeaton. El show en vivo sigue siendo rentable. Muchos de los músicos viven de sus regalías. Para todos los demás músicos no es rentable. Lo que es rentable es que algo sea bueno y no pase desapercibido ante el oído de la gente. Hay mucha oferta de música, más que la demanda. Hay que tripilicar la apuesta para que sea rentable. A la Open Folk la gente va a vivir la experiencia, experiencia de intimidad. En este mundo de conexión frívola a través de las redes sociales, la experiencia de escuchar algo todos juntos bajo el mismo techo, viviendo lo mismo es crucial. Esa conexión es la que logra la Open Folk.

Nunca había organizado un ciclo. Necesitaba un lugar donde tocar, me dije “yo hago este género y no tengo un lugar y un público˝. Bueno Open Folk brinda un público a estos músicos y si los músicos logran encantar a ese público, trasnmitirles el mensaje, los tienen.

 

¿Qué hay hoy en las letras del Folk de acá?

 

Ahora yo siento dos cosas: creo que el Folk cuenta historias con las que uno se puede sentir identificado pero que son historias viejas. En la película de los hermanos Coen, hay una frase.. “si no es nueva y nunca se pone vieja, es un folk”. Los músicos de ahora estan componiendo canciones que dentro de veinte años van a tener esa misma legitimidad. Un tema de David Amado, por ejemplo, habla muy hermosamente de una chica que él ve en el subte todos los días y espera siempre que ella se baje donde se baja él. Es una historia con los que muchos se pueden identificar, es algo de ahora pero que creo dentro de treinta años va a tener la misma validez, parafraseando: “no se va a poner vieja”. También hay gente que canta las tradiciones y hacen Folk puro y duro: las historias de sus ancestros, la canción de protesta, la naturaleza, está todo ahí.

 

Suele asociarse al blues con un estado de tristeza o melancolía ¿Con qué crees que se asocia al Folk?

 

Con una nobleza nostálgica. El Blues es un reflejo de un sentimiento presente y creo que el Folk es el reflejo de un sentimiento pasado. El Folk ya dejó atrás la historia pero te la cuenta, el Blues te dice estoy mal ahora, la estoy pasando mal. Para nosotros arrancar la Open Blues —ciclo paralelo a Open Folk que tiene lugar los miércoles en El Universal— fue casi natural, tenemos un montón de músicos de Blues. Generamos una nueva movida, con su propio público. Somos una comunidad y todos empujamos para adelante con el mismo mensaje. Somos una punta de flecha distinta y me gustaría que en el futuro digan “esto era distinto”.